El 6 de julio, Radar Illimani hizo públicas serias acusaciones vinculadas a Nadia Beller y Fernando Cerimedo, acompañadas de capturas de conversaciones y denuncias de agresiones. En respuesta, Cerimedo anunció acciones legales contra el medio, descalificando la veracidad de las publicaciones. Sin embargo, la atención mediática se desvió, sin que se llevara a cabo una investigación periodística profunda sobre el asunto.
Poco después, una fotografía que supuestamente mostraba a Beller y Cerimedo juntos emergió en redes sociales, aunque Beller la descalificó y se demostró que era un montaje generado por inteligencia artificial. A pesar de esta revelación, la discusión se centró en la foto y no en las denuncias de agresión. Es importante señalar que, al rechazar la imagen, Beller no abordó la supuesta relación ni las conversaciones que circulaban.
La situación dio un giro drástico cuando, el 17 de agosto, Beller fue baleada en Santa Cruz. Horas después, Cerimedo fue aprehendido en el aeropuerto de Viru Viru mientras intentaba abordar un vuelo hacia Argentina. Su arresto se enmarca en la investigación del atentado, aunque aún no se ha definido públicamente su rol en este suceso.
Este suceso ha reavivado cuestionamientos que habían quedado sin respuesta en semanas anteriores: ¿qué sucedió realmente entre Beller y Cerimedo? ¿Qué hay detrás de las denuncias de agresión? ¿Por qué Cerimedo fue detenido tan pronto después del ataque? ¿Qué información poseía el Gobierno sobre esta situación?
Además, surge una cuestión más delicada: ¿qué sabía Beller sobre esta situación? ¿Podría su conocimiento haber influido en el intento de asesinato? ¿Existen vínculos entre las acusaciones previas y el atentado? Estas son interrogantes que deben ser abordadas por la investigación.
Cerimedo no es un personaje menor en este contexto. Su papel en el Gobierno ha suscitado interrogantes, con un senador pidiendo claridad sobre sus funciones y la financiación de su trabajo. Con una trayectoria marcada por estrategias de guerra digital y discursos de odio, se requiere con urgencia esclarecer su influencia en el entorno del poder.
Bolivia ha sido testigo de diversos casos de corrupción y escándalos que suelen desvanecerse sin respuestas claras, dejando una sensación de impunidad. En esta ocasión, nos enfrentamos a una mujer herida y a un hombre vinculado al entorno presidencial bajo arresto, lo que exige una atención sostenida a la investigación en curso.
No está claro hasta dónde llegará la investigación, pero es crucial que esta vez no se limite a que el escándalo se desvanezca.
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