El dolor de perder a un ser querido: Nayarit Colmenares y su experiencia tras los terremotos en Venezuela
Por Juan Carlos Serrudo·19 Ago 2026
Nayarit Colmenares, arquitecta y diseñadora, vivía junto a su esposo Henry en el cuarto piso del edificio Palmar Este 1 en Caraballeda, una de las áreas más afectadas por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela a las 6:05 de la tarde. Tras el desastre, Nayarit se encontró atrapada en la oscuridad durante dos días, rodeada de escombros y con la angustia constante de no saber si sobreviviría.
La angustia fue intensa. Al principio, pensó que estaba a punto de ahogarse mientras su mente se llenaba de pensamientos aterradores. Su mano y pierna derecha quedaron atrapadas, aplastadas por el peso de lo que había colapsado. Aunque intentó liberar su cuerpo, el sufrimiento era abrumador y la desesperación se apoderó de ella.
Nayarit recordó que la alarma de su celular, programada para un curso de inteligencia artificial, fue lo que la hizo darse cuenta de que había pasado un tiempo significativo desde que el edificio se vino abajo. Mientras olfateaba el aire cargado de cemento y gas, su situación se volvía cada vez más crítica.
Su esposo, Henry, había estado a su lado momentos antes del colapso. Nayarit, al intentar buscarlo entre los escombros, tocaba con sus manos lo que pensaba que eran cojines, hasta que se dio cuenta de que era la pierna de su pareja, quien ya estaba sin vida. Esta revelación la dejó devastada.
Tras varios intentos de hacer ruido, Nayarit logró llamar la atención de un grupo de rescatistas de El Salvador, quienes llegaron a Venezuela para ayudar. Después de siete horas de angustioso rescate, finalmente pudo salir de los escombros, aunque había perdido a su amado y su mano derecha.
El proceso de recuperación fue desgastante. A pesar de los esfuerzos médicos por salvar su mano, la infección llevó a los especialistas a recomendar la amputación. Nayarit, enfrentando la difícil decisión, decidió priorizar su vida, eligiendo entre lo que era su identidad y su supervivencia.
A dos meses de la tragedia, Nayarit continúa luchando con el síndrome del miembro fantasma, donde siente sensaciones en la mano que ya no tiene. Con la ayuda de su familia, busca financiamiento para una prótesis que le permita retomar sus pasiones artísticas.
Al reflexionar sobre su experiencia, Nayarit afirma: 'Haber perdido a mi esposo me duele más que haber perdido la mano derecha'. A pesar de la tragedia, la resiliencia de Nayarit brilla mientras comienza a reconstruir su vida y su arte.
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